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Educación en el Salón Profesional

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La competencia: confrontar y convivir

En estos tiempos donde la información es capital, la competencia ya no es lo que era. La tendencia a hiper personalizar los servicios para así buscar la diferencia se mezcla con la necesidad de establecer acuerdos entre salones para evitar una competencia descarnada que sólo termina por convenirle al cliente.

La competencia siempre existió, pero hoy es mucho más compleja. Porque en la actualidad se valoriza el nivel de tecnología con los que se trabaja y la calificación profesional de los peluqueros, entre muchos otros conceptos. Conceptos que hacen, en su conjunto, a la identidad del salón.

Identidad es la palabra clave. Y para ello es necesario convivir y confrontar. Confrontar porque todo salón aspira a ganarse la mejor y mayor porción de clientela. Y convivir, porque en estos tiempos que corren, donde la información es capital, se pueden intentar acuerdos en lo que hace a la especialización de servicios.

Desde ya que el concepto de identidad está profundamente emparentado con el de diferenciación. Porque si somos iguales, corremos el riesgo de que nos confundan. Esa diferencia la construimos en base a valores que percibimos como deseables por el público al que aspiramos a que sea nuestra clientela.

Pero, con el correr del tiempo han surgido más y más exigencias por parte del cliente. En primer lugar, la dama o el caballero que se va a atender a un salón tiene mucha más información que antes. Internet y, en especial, las redes sociales, se constituyen en un espacio de competencia inevitable. No sólo por lo que el peluquero puede informar sobre sí mismo. Si no, y esto es lo más importante, por lo que puedan decir de él.

Competencias que no lo son

Cuando hablamos de competencia hacemos exclusiva referencia a aquella que se establece con salones de las mismas condiciones. Es decir, dejamos de lado a esos locales que funcionan casi al borde de la ilegalidad y bajan sus precios a niveles ridículos.

Tampoco nos referimos a los salones que pertenecen a gigantescas franquicias ya que las mismas, a diferencia de los salones mencionados en el párrafo anterior, brindan, por lo general, un buen servicio pero suelen caer en cierta masificación o producción en serie.

Sí hacemos hincapié en la competencia con salones que mantienen niveles estándares de servicios y productos de similar calidad. Atendido por profesionales que cuentan con una sólida formación profesional y que se siguen actualizando todo el tiempo.

Ese difícil acuerdo

Está claro que la competencia nos compromete a una mejora constante en la calidad de nuestros servicios. Y su sola existencia, base esencial de la actividad comercial, nos hace percibir a nuestro negocio como algo dinámico. Es decir, debemos ser intuitivos y perspicaces Pero así como la clientela hoy tiene más información, también los dueños de los salones acceden a la información de la competencia.

Esta información puede ser útil a la hora de plantear ciertos acuerdos de convivencia con la competencia. El objetivo de estos acuerdos es evitar las rivalidades en cuestiones básicas, como puede ser la tarifa, dado que este tipo de competencia siempre va a beneficiar al consumidor y no al profesional.

Estos acuerdos, por lo general, no son fáciles ya que no todos los peluqueros tienen el mismo concepto de gestión para sus salones.

Por ejemplo, uno de estos acuerdos es el horario de atención del salón. ¿Se abre o no los días lunes? ¿Qué hace la competencia al respecto? ¿Cuánto pierdo por no abrir el lunes cuando tengo dos sillones y mi competencia tiene cuatro? ¿Puedo acordar estas pautas con mi competencia cuando ésta tiene el doble de capacidad de atención potencial en su salón?

Además, es importante tener en cuenta que la falta de acuerdo con los salones que compiten entre sí les puede dar la oportunidad a las franquicias a copar el mercado con su estilo avasallador y sus menores costos.

Voces que testimonian

“Si nosotros no hubiésemos estado constantemente en movimiento desde hace 46 años, hoy estaríamos muertos. Por muy buenos profesionales que pensemos que somos, tuvimos que incorporar mejoras sin parar”. Así lo expresa Gian Franco Tagliere, experimentado peluquero que tiene su salón en el porteño barrio de Villa Devoto, en Argentina.



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