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Embellecer para vivir: estéticas abren pese a contingencia sanitaria

Embellecer para vivir: estéticas abren pese a contingencia sanitaria

El dilema es respetar el confinamiento o abrir sus salones para ganar el sustento. Al margen del confinamiento, los peluqueros buscan la manera de mantener su negocio a flote.

Oscar Alfredo Galeana

Sobrevivir a la pandemia económica, es el dilema de miles de profesionales de la belleza que han visto afectados sus ingresos al tener que mantener sus negocios cerrados por la contingencia sanitaria derivada del COVID-19. Sin embargo, son varios los negocios que a pesar del mandato siguen con las puertas abiertas en espera de la escasa clientela, con el fin de llevar algo de dinero a sus hogares puesto que es de todos conocidos que esta actividad en la gran mayoría son comercios que subsisten con la entrada de la venta diaria.

Algunos reportes de especialistas económicos calculan que las pérdidas del sector profesional de la belleza rondan el 70 por ciento de sus ingresos habituales previos al inicio de la contingencia y probablemente la recuperación sea lenta y no llegará a los números previos a marzo, pese a que esta industria era de las pocas que reportaban crecimiento en el PIB nacional. Según la Cámara Nacional de la Industria de Productos Cosméticos (Canipec), el valor total de la industria de belleza al cierre de 2019 era de 154 mil millones de pesos, con un crecimiento anual aproximado de 11 por ciento.

Pese a que la declaratoria de emergencia sanitaria del 31 de marzo estableció que sólo seguirán abiertos los comercios de actividades esenciales (alimentación, información, seguridad y salud, entre otros), es una realidad de muchos salones en diversas partes de la República, siguen con su servicio al público con la necesidad de obtener recursos ya que su sustento depende de ello e incluso implementan medidas sanitarias y de higiene derivada de esta pandemia, con lo que han modificado su modus operandi de manera permanente.

En las colonias de la zona metropolitana de la Ciudad de México y el área conurbada se ven esparcidos estos negocios abiertos de manera discreta; pegan cartulinas de color llamativo rotuladas en las ventanas de sus fachadas en las que aseguran que las instalaciones están debidamente sanitizadas y se permite sólo el ingreso de un cliente, para mantener la sana distancia.

En la puerta de uno de esos locales, una joven de cabellos teñidos del arcoíris, espera el arribo de alguien que requiera cortarse el cabello o arreglárselo; asegura que ningún policía o autoridad se ha acercado a indicarle que no puede abrir y cuando pasan, lo hacen en sus patrullas y se siguen de largo, sólo verifican que los peatones lleven sus cubre bocas y mantengan la sana distancia.

La mirada que se descubre apenas por el cubre bocas negro que porta la joven estilista, refleja cierto desgano pues sólo ha atendido una persona en tres horas; cree que la gente está espantada por la sobre información –la gran mayoría, fake news– acerca del coronavirus y temen contagiarse, aunado a las muertes de gente famosa, tampoco ayuda a que confíen y acudan a su salón.

La chica ha implementado medidas como el uso de cubre bocas y gel antibacterial para el cliente, así como la limpieza constante de los instrumentos estéticos entre cada servicio y de hecho, también brinda servicios a domicilio. Su mayor preocupación es la caída de su venta de productos capilares adheridos al servicio de corte o peinado y la incertidumbre de saber cómo reaccionará la gente en cuanto acabe la contingencia, le han obligado a crear promociones a través de sus redes sociales para atraer de nueva cuenta la clientela, aunque no le falta uno que otro trabajo de coloración, lo que más ha atendido en estas semanas.

Aparentemente son muchos bemoles en su estadía al pie de su negocio, pero insiste: es peor tener cerrado, lo que gana aunque poco, le ayuda en su manutención, más lo que obtiene en la visita a domicilio.

Así pasan los días miles de estilistas que, al margen de la contingencia sanitaria, deben buscar la manera de seguir con su negocio de pie. Quizá lo más difícil será el reinicio de la actividad, pero no bajan los brazos y esperan el regreso de sus clientes al final de la pandemia, listos con sus tijeras, peines y su actitud de servicio.



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